El informe oficial del Indec muestra señales de reactivación frente al arranque del año pasado y una leve mejora respecto al cierre de 2025. El fuerte repunte de las ventas al exterior y un repunte del consumo privado por importaciones compensaron el desplome de la inversión fija en maquinaria y construcción.
Las cuentas nacionales arrojaron un respiro para la macroeconomía argentina en el arranque del año. Según el informe técnico sobre la evolución del Producto Bruto Interno (PBI) publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la actividad económica registró una expansión del 2,3% durante el primer trimestre de 2026 en comparación con el mismo período del año anterior. En términos desestacionalizados, la medición también exhibió un signo positivo al reportar una suba del 0,7% en relación con el último trimestre de 2025, interrumpiendo una racha de caídas y consolidando un piso de reactivación.
El principal motor que traccionó la recuperación económica provino del sector externo. Las exportaciones de bienes y servicios experimentaron un fuerte salto del 9,8% interanual, apuntaladas principalmente por el desempeño de las economías primarias y extractivas: el sector de la pesca lideró los incrementos con un avance del 27,5%, seguido de cerca por el complejo agropecuario con una suba del 18,1% —que dejó atrás el fantasma de las sequías pasadas— y la actividad minera con un 12,3%. En contraste con la buena performance exportadora, la industria manufacturera y la administración pública operaron como las principales anclas del período, reflejando bajas del 1,7% y del 1,4% respectivamente, producto del reordenamiento del gasto estatal y el freno en sectores fabriles específicos.
Por el lado de la demanda interna, el consumo privado mostró un repunte del 2,7% interanual durante los primeros tres meses del año. Sin embargo, el propio organismo estadístico advirtió que este dinamismo estuvo fuertemente vinculado a la flexibilización comercial, sustentándose en un incremento de la importación de bienes de consumo final y de automóviles, más que en una expansión de la producción nacional. La contracara y principal señal de alerta del informe radica en el comportamiento de la inversión —la Formación Bruta de Capital Fijo—, que se desplomó un 11,6% interanual, evidenciando que las empresas aún postergan sus planes de expansión de largo plazo debido a la persistente cautela sobre el rumbo económico.
El desglose del Indec sobre el derrumbe inversor detalla caídas generalizadas en los componentes clave del aparato productivo. El rubro de otras construcciones e infraestructura anotó un descenso del 9,4%, mientras que la incorporación de maquinaria y equipo de capital sufrió un retroceso del 18,1%. El segmento más afectado fue el de equipo de transporte, que acusó una contracción del 19,6% interanual. Esta debilidad en los niveles de inversión fija abre interrogantes entre los analistas sobre la sostenibilidad del crecimiento de cara a la segunda mitad del año, marcando una economía que camina a dos velocidades: un sector primario volcado al comercio exterior que empuja los números generales y un entramado industrial interno que aún no logra consolidar su recuperación.

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