Aguas cristalinas, serenidad absoluta y un entorno natural virgen. Por qué este pequeño paraje serrano es el refugio más buscado por quienes intentan desconectarse del ritmo urbano.
Enclavado en el corazón de las Sierras Grandes, El Durazno ha dejado de ser un secreto bien guardado para transformarse en el destino «estrella» del turismo local. Este rincón de Calamuchita, ubicado a pocos kilómetros de Villa Yacanto, conquista a los visitantes con un paisaje que parece extraído de una postal patagónica: un río de aguas heladas y transparentes, ollas profundas para nadar y un bosque de pinos que invita al silencio.
El fenómeno de su popularidad radica en la combinación de exclusividad natural y accesibilidad. A diferencia de otros centros turísticos masivos, El Durazno conserva una mística de aldea de montaña, con una oferta gastronómica artesanal y alojamientos que priorizan la sustentabilidad. Es, hoy por hoy, el epicentro del movimiento slow travel en la provincia, atrayendo tanto a aventureros que buscan acampar bajo las estrellas como a familias que eligen sus casas de té y senderos para una jornada de relax total.

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