Desde la Unión de Kiosqueros de la República Argentina advierten por la pérdida de rentabilidad debido a la dispersión de canales de venta y la saturación comercial. Estrategias de adaptación e innovación para sostener el rubro.
El tradicional quiosco de barrio atraviesa un proceso de reconversión forzada debido a la retracción de las ventas, la presión impositiva y la irrupción de nuevos actores en el mercado. De acuerdo con el diagnóstico presentado por Ernesto Acuña, vicepresidente de la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA), uno de los principales factores que golpea al sector es la dispersión de la oferta, ya que productos históricamente exclusivos del rubro hoy se comercializan en farmacias, verdulerías y diversos comercios de cercanía.
A esta problemática se suma la expansión de grandes cadenas comerciales que concentran locales en zonas estratégicas de ciudades como Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Santa Fe y Mendoza. Esta saturación geográfica fragmenta la demanda y complica la sustentabilidad de los comerciantes independientes situados a mitad de cuadra, quienes deben afrontar jornadas laborales de entre 12 y 14 horas diarias para cubrir costos fijos y alquileres.
Para contrarrestar la pérdida de rentabilidad, los comerciantes han comenzado a aplicar diversas estrategias de diversificación. Entre las principales medidas se destacan la incorporación de rubros como librería, juguetería y fotocopiado, el vuelco hacia el formato de «quiosco-almacén» y la adaptación del stock a nuevas demandas, incorporando opciones saludables, productos para celíacos o veganos y tabaco para armar.

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