Un informe elaborado por la Fundación Mediterránea-Ieral confirmó una transformación en las pautas de consumo de las familias tras el incremento en el precio de la carne vacuna. La oferta de cortes vacunos destinados al mercado interno retrocedió a mínimos en más de tres décadas.
Las pautas de alimentación en los hogares argentinos registraron un cambio estructural durante el último año, consolidando a la carne de pollo como la principal proteína consumida en el país. Según un informe técnico publicado por el Ieral de Fundación Mediterránea, la ingesta acumulada de carne aviar se ubicó en 47 kilos por habitante al año, superando por primera vez de manera sostenida a los cortes vacunos, que cayeron a 46,7 kilos per cápita. En paralelo, la demanda de carne porcina continuó en ascenso hasta alcanzar un pico de 20,1 kilos por habitante.
El trabajo elaborado por los economistas Juan Manuel Garzón y Franco Artusso atribuye esta dinámica a la escalada en los precios de la hacienda registrada entre finales de 2025 y principios de 2026. Aunque el valor promedio de la canasta vacuna experimentó un retroceso relativo a mediados de año, el precio promedio al consumidor en agosto se ubicó un 13,3% por encima de los valores del mismo mes del año anterior y un 30,3% sobre la media de las últimas dos décadas, convirtiéndose en el registro mensual más elevado en moneda constante del período 2006-2026.
La contracción en el consumo de carne vacuna responde además a una menor disponibilidad de oferta en el mercado local. La combinación de un descenso en los niveles de faena, una producción que retrocedió un 6,4% per cápita y un incremento del 4,1% en los volúmenes destinados a la exportación derivó en una disponibilidad interna de 46,2 kilos por habitante entre septiembre de 2025 y agosto de 2026, el guarismo más bajo registrado desde 1990.

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