Las usinas políticas del Instituto Patria empezaron a soltar un nombre que hace ruido en el tablero nacional: la posibilidad de una fórmula presidencial que una al gobernador bonaerense, Axel Kicillof, con la diputada nacional Natalia de la Sota.
El plan busca amalgamar el voto duro del kirchnerismo con el «peronismo del centro» que representa la hija del exgobernador cordobés, intentando romper el aislamiento del PJ K en la provincia más refractaria al proyecto nacional y popular. Para los estrategas bonaerenses, Natalia es la pieza clave para «cordobesear» una propuesta que hoy no logra penetrar el muro de Martín Llaryora.
En Córdoba, la noticia cayó como una bomba de estruendo pero con interpretaciones divididas. Mientras un sector del «cordobesismo» ve con recelo cualquier acercamiento a Kicillof, otros entienden que De la Sota está construyendo un perfil propio, distanciado de la rigidez del Panal y más cercano a una construcción federal que incluya al peronismo progresista. La jugada es arriesgada: para Natalia, implica el desafío de validar su apellido en una alianza que muchos cordobeses rechazan; para Kicillof, representa la esperanza de pescar en el segundo distrito electoral del país de la mano de una marca política que todavía conserva mística y votos en el interior.

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