Vista de una estación de combustible en La Habana (Cuba), en una fotografía de archivo. EFE/Ernesto Mastrascusa
La crisis energética en Cuba ha alcanzado un punto de no retorno. Luego de declarar que las existencias de diésel y fueloil son «nulas», el Gobierno de la isla se mostró dispuesto a examinar una oferta de asistencia humanitaria de Estados Unidos por US$ 100 millones. El anuncio llega tras una noche de inusuales protestas en La Habana, donde los apagones de hasta 22 horas diarias han paralizado la vida cotidiana.
El canciller cubano, Bruno Rodríguez, confirmó que están listos para escuchar los detalles de la propuesta, marcando un giro en la retórica oficial tras semanas de extrema tensión. La situación es desesperante: el ministro de Energía, Vicente de la O Levy, reconoció que el sistema depende exclusivamente del gas de pozos locales, lo cual es insuficiente para sostener las termoeléctricas. Escuelas y oficinas permanecen cerradas, los hospitales funcionan bajo mínimos y la población se ha visto obligada a cocinar con leña ante la falta de suministros básicos.
El aislamiento energético de la isla se profundizó drásticamente este año. Tras la caída de Nicolás Maduro en Venezuela y las amenazas de aranceles de Donald Trump hacia México, los suministros habituales de crudo se cortaron de raíz. Washington, a través del secretario de Estado Marco Rubio, condiciona la ayuda a «reformas significativas al sistema comunista», mientras que La Habana exige el cese del bloqueo para aliviar la asfixia financiera que, aseguran, es la única causa de la debacle.

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