En una resolución sin precedentes, el tribunal cordobés determinó la existencia de un nexo causal entre la vacuna y el deceso de una joven de 24 años. La sentencia obliga al Ministerio de Salud de la Nación a pagar una indemnización millonaria tras acreditarse fallas de control sanitario durante la emergencia.
Un dictamen de fuerte impacto político y científico promete redefinir los alcances de la responsabilidad estatal durante las crisis de salud pública. La Cámara Federal de Apelaciones ratificó de forma concluyente que el deceso de Melín Sartori —una joven de 24 años que no presentaba patologías previas— estuvo directamente asociado a complicaciones neurológicas derivadas de la primera dosis de la vacuna Sputnik V, aplicada en julio de 2021. La condena establece que el Estado nacional deberá abonar un resarcimiento económico cercano a los 95 millones de pesos a la familia de la víctima en un plazo perentorio de 30 días.
El derrotero judicial, extendido por casi un lustro, fue motorizado por María Virginia Ruiz, madre de la joven y profesional de la medicina, quien colisionó inicialmente con la resistencia de los comités sanitarios que pretendían archivar la investigación bajo argumentos de confidencialidad y falta de certezas. La estrategia jurídica de la querella se sustentó en los propios resortes creados durante la emergencia: la Ley 27.573, un marco normativo que preveía mecanismos de compensación para los damnificados por efectos adversos de las inoculaciones contra el Covid-19. El dictamen de la Sala A de la Cámara Federal se volvió inapelable tras incorporarse las conclusiones de la Comisión Nacional de Seguridad en Vacunas (CoNaSeVa), organismo oficial que terminó validando científicamente el nexo causal entre el lote del fármaco y el colapso de la paciente.
Más allá de la reparación económica, el fallo desnuda las grietas de la gestión de la crisis pandémica en el país. Los magistrados pusieron el foco en la ausencia de esquemas rigurosos de farmacovigilancia para medicamentos de aprobación excepcional y la falta de adiestramiento de las instituciones médicas para diagnosticar y reaccionar ante los síndromes secundarios más severos. El legado de Melín, no obstante, trascendió los estrados: la deconstrucción de su historial clínico ya ha sido debatida en foros de especialistas, sirviendo como guía para que otros profesionales de la salud detectaran a tiempo patologías similares en pacientes inoculados y lograran revertir cuadros potencialmente mortales.

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