Analistas debaten el impacto de la masiva movilización ricotera. Mientras la cúpula justicialista dejó de lado internas para coordinar la seguridad del velatorio en Avellaneda, el Presidente optó por el silencio absoluto. Advierten que el espíritu comunitario choca con el individualismo oficialista, aunque dudan que se traduzca en votos automáticos.
La masiva y pacífica movilización para despedir a Carlos «el Indio» Solari en el conurbano bonaerense trascendió los límites del fenómeno cultural para instalarse como un complejo tablero de análisis político. La procesión de cientos de miles de fanáticos activó reflejos contrapuestos en los dos extremos de la grieta nacional. Por un lado, el peronismo exhibió una inusual rapidez para dejar de lado sus disputas internas y ponerse al hombro de forma conjunta la organización de un evento que amenazaba con el caos logístico, anotando un punto a favor para figuras como Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Jorge Ferraresi. En la vereda opuesta, el gobierno de Javier Milei eligió el desentendimiento absoluto: el mandatario no decretó duelo nacional, evitó pronunciarse en redes sociales y la gestión de Martín Menem en la Cámara de Diputados le negó a la familia la posibilidad de usar el Congreso de la Nación argumentando falta de garantías de seguridad.
El contraste entre una muchedumbre movilizada bajo el sentido de pertenencia y un Estado nacional distante reabrió la discusión sobre el humor social y la construcción de mayorías. Para el director de la consultora Haime & Asociados, Hugo Haime, la mística de las barriadas ricoteras funciona como un límite conceptual para el oficialismo: «El dolor colectivo y el sentido de comunidad rompen con la idea del individualismo de una sociedad no solidaria. El gobierno de Milei ya viene golpeado y esta es una muestra más de su alejamiento del sentir popular». Según su perspectiva, allí radica el desafío para el justicialismo, en la medida en que sea capaz de generar empatía real con una sociedad que mayoritariamente busca un cambio pero que se conmueve cuando le tocan las fibras más sensibles.
Los límites del provecho político Sin embargo, otros especialistas miran el fenómeno con mayor cautela y advierten sobre el riesgo de una capitalización forzada. El politólogo Marcos Novaro consideró que si bien Kicillof y Kirchner cumplieron con la tradición partidaria de «ponerse a la cabeza» del pueblo, la sobreactuación no soluciona el verdadero déficit de la oposición. «El peronismo tiene otras urgencias. Lo que la gente espera es que digan algo más que ‘esperamos que Milei se hunda así volvemos'», disparó. El consultor recordó además que el grueso del público desencantado —jóvenes de sectores medios y bajos del Gran Buenos Aires— forma parte del electorado flotante que ya votó a La Libertad Avanza y que podría volver a hacerlo si la situación económica mejora, demostrando que el fervor de las bases en el entierro de un mito no garantiza un regreso asegurado al poder.

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