El avance exponencial de la automatización genera interrogantes sobre las tareas que conservarán su valor frente a la superinteligencia. Especialistas plantean que el discernimiento, los vínculos y la singularidad serán activos escasos en un mercado laboral crecientemente expuesto al impacto tecnológico.
En el marco del debate sobre el impacto socioeconómico de la inteligencia artificial y la robótica, las proyecciones globales plantean un cambio de paradigma hacia la automatización masiva de tareas. Ante la posibilidad de que la tecnología genere una era de abundancia donde los bienes y servicios resulten eficientes y accesibles, surge el interrogante sobre cuáles serán los activos escasos. En este escenario, elementos como el criterio propio, el tiempo humano, los vínculos interpersonales y la singularidad creativa comienzan a posicionarse como valores diferenciales frente al rendimiento repetible y escalable de los sistemas algorítmicos.
Esta transformación ya registra antecedentes y efectos en el mercado laboral argentino. Datos del Reporte Salarial de Randstad Argentina reflejan que los profesionales formados en herramientas de IA generativa perciben ingresos hasta un 25% superiores a los de sus pares. En paralelo, un relevamiento del Consejo Económico y Social de CABA y la OIT indicó que el 66,9% del empleo porteño presenta algún nivel de exposición a estas tecnologías. La brecha creciente entre la velocidad del desarrollo tecnológico y la adaptación ciudadana subraya la importancia del discernimiento para definir qué tareas delegar a las máquinas y cuáles preservar como típicamente humanas.

Más historias
Crece la morosidad por créditos destinados a cubrir consumos básicos y alimentación
Las sombras del presente: reflexiones sobre la infancia y las desigualdades históricas
Editorial: La inseguridad vial golpea a los más jóvenes y exige respuestas del Estado y la sociedad