Kyiv intensificó sus ataques con drones de largo alcance y bombardeó el complejo energético de Kapotnya, en el corazón de la capital rusa. El ataque coincide con la cumbre del G7 en Francia, donde Donald Trump metió presión a Vladimir Putin para que acepte un acuerdo que ponga fin al conflicto.
El conflicto bélico en el este de Europa entra en una fase de máxima agresividad y asfixia económica. Durante la madrugada de este jueves, Ucrania ejecutó un ataque masivo con drones que impactó de lleno contra la refinería de petróleo de Kapotnya, una de las infraestructuras energéticas más importantes de Moscú. Se trata del segundo bombardeo que sufre la misma planta en apenas 48 horas, lo que evidencia una estrategia sistemática por parte de Kyiv para golpear los ingresos petroleros del Kremlin, los cuales sostienen al menos un tercio del presupuesto estatal de Rusia.
El alcalde de Moscú, Sergei Sobyanin, confirmó que las fuerzas de defensa aérea derribaron más de 40 drones dirigidos hacia la capital, aunque no pudieron evitar que varios dispositivos alcanzaran el complejo refinador. Videos geolocalizados registraron el momento exacto de una violenta explosión que hizo volar el techo de un gran tanque de combustible y desató densas columnas de humo negro. El ataque también provocó destrozos en edificios de apartamentos en las afueras de la ciudad, incendios en un centro comercial y la muerte de un civil en la región sureña de Rostov, donde otra incursión afectó la infraestructura ferroviaria.
El factor Trump y el frente económico Esta escalada militar se produce en paralelo a las deliberaciones de la cumbre del G7 en Evian, Francia. Allí, el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky mantuvo un encuentro clave con su par estadounidense, Donald Trump, quien aprovechó el escenario internacional para presionar públicamente a Rusia a aceptar un acuerdo de paz inmediato. Tras recordar que el conflicto ya lleva cinco años de desgaste continuo, Trump advirtió sobre el enorme costo en vidas humanas para ambas naciones y se mostró receptivo a los pedidos de Zelensky para reforzar los sistemas de defensa aérea ucranianos.
Por su parte, el mandatario francés, Emmanuel Macron, cerró el foro señalando que existe un «profundo cambio de enfoque» por parte de la Casa Blanca, al reconocer que el gobierno de Vladimir Putin no busca la paz de manera genuina. Mientras tanto, el impacto de las incursiones aéreas ya se hace sentir en la economía de guerra rusa: los analistas advierten que el hostigamiento diario de Kyiv a terminales petroleras y bases navales empezó a generar desabastecimiento de combustible en regiones estratégicas como Crimea, debilitando la logística militar del Kremlin en el territorio ocupado.

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