Se terminó la mentira. Fernando Soria, el hombre que decía ser un guía espiritual en Córdoba, recibió una condena ejemplar de la justicia. La investigación confirmó que Soria montó una estructura piramidal de manipulación para sacarle plata y bienes a sus seguidores. No era un centro de sanación, era una fábrica de estafas que operaba a plena luz del día.
El caso explotó cuando varios exmiembros de su comunidad se animaron a denunciar los abusos psicológicos y económicos. El fiscal del caso logró demostrar que el «gurú» usaba su influencia para que las víctimas le firmaran documentos y le entregaran sus ahorros bajo la promesa de evolución espiritual. La condena marca un precedente fuerte en Córdoba contra las organizaciones que usan la fe para delinquir.
Los damnificados estuvieron presentes en la lectura del fallo y se mostraron aliviados tras años de lucha judicial. El caso de Soria es un recordatorio de lo peligroso que puede ser el fanatismo cuando hay delincuentes detrás de una fachada espiritual.
El tribunal ordenó además el resarcimiento económico para las víctimas, cerrando un proceso judicial que tuvo en vilo a la ciudad por meses.

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