Las fuerzas militares de Washington ejecutaron ataques defensivos en el sur del territorio iraní tras las duras amenazas del presidente Donald Trump. En respuesta, Teherán activó una masiva lluvia de misiles balísticos contra bases norteamericanas en Jordania, Kuwait y Bahréin, rompiendo por completo la tregua.
La ventana de paz en Asia Occidental se cerró de manera drástica. Por segunda jornada consecutiva, las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos y la República Islámica de Irán protagonizaron un violento y masivo intercambio de ataques bélicos de alta intensidad en múltiples puntos de Medio Oriente. La alarmante escalada dejó al borde del colapso total el alto al fuego que ambas potencias globales habían suscripto con extrema fragilidad a finales del pasado mes de abril. En las últimas horas, la crisis regional sumó el cierre preventivo de fronteras aéreas, activaciones de sirenas de evacuación en áreas urbanas y bombardeos directos contra infraestructuras estratégicas.
El nuevo estallido de hostilidades se desencadenó tras una serie de fuertes declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien advirtió de manera pública que las tropas del Pentágono golpearían a Irán con extrema «dureza» debido a que la administración de Teherán se había tomado «demasiado tiempo en llegar a un acuerdo» definitivo para finalizar la guerra de forma permanente. Tras la advertencia del mandatario, el Mando Central de los Estados Unidos (Centcom) ejecutó una intensa oleada de «ataques defensivos» directos contra objetivos de logística militar, puestos de vigilancia y sistemas de radares ubicados en el sector sur de Irán.
Respuesta balística y espacio aéreo cerrado La réplica comandada por el régimen iraní no se hizo esperar. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de Irán desplegó una ronda coordinada de ataques balísticos dirigidos a neutralizar los intereses e instalaciones militares estadounidenses distribuidos en la región. Las fuerzas kuwaitíes y de Bahréin registraron impactos y ataques con drones por segundo día consecutivo en sus territorios. En el caso del Reino de Bahréin, las sirenas de alerta aérea despertaron a la población durante la noche, reportándose daños materiales en superficie causados por la caída de esquirlas de drones interceptados, mientras que el Ejército de Kuwait ordenó el cierre temporal y total de su espacio aéreo luego de que sus baterías de defensa aérea interceptaran con éxito múltiples «objetivos aéreos hostiles».
No obstante, el foco de mayor impacto de la contraofensiva iraní se localizó en Jordania. Los medios de comunicación estatales de Teherán informaron que el CGRI disparó 12 misiles balísticos pesados contra la Base Aérea Muwaffaq Salti, base de operaciones clave para las misiones norteamericanas. Según el reporte formal de la comandancia iraní, la andanada de proyectiles logró destruir «un gran número» de aviones de combate de última generación, además de pulverizar diversas instalaciones logísticas y centros de mando de los Estados Unidos en suelo jordano, información sensible que las agencias internacionales intentan verificar de manera independiente mientras los mercados internacionales y la diplomacia global entran en pánico.

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