Las mediciones estatales revelaron que los jóvenes padecen las consecuencias más graves del parate en el mercado de trabajo. La problemática enciende las alertas debido a su impacto directo en el incremento de la marginalidad.
El índice de desocupación en el segmento que va de los 18 a los 21 años escaló hasta un preocupante 35,1 por ciento. La cifra multiplica el promedio general del aglomerado urbano y profundiza las brechas de desigualdad comunitaria.
La escasez de inserción en puestos estables genera procesos de severa fragmentación familiar y un fuerte deterioro de la salud mental. La imposibilidad de acceder a ingresos dignos consolida un fenómeno estructural muy dañino para las nuevas generaciones.
Esta preocupante realidad fomenta conductas de riesgo y daña la confianza ciudadana en las instituciones que regulan la convivencia. Mientras Nación se enfoca en el orden macroeconómico, la provincia carece de respuestas suficientes ante la actual transición recesiva.
La gravedad de la situación actual en el entorno metropolitano requiere con urgencia el diseño de políticas coordinadas. Resulta fundamental implementar acciones colaborativas e inmediatas entre los diferentes estamentos estatales para revertir un escenario de exclusión social creciente.

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