El Concejo Deliberante de la ciudad de Córdoba ha puesto en agenda un proyecto que busca prohibir el uso de teléfonos celulares en las 38 escuelas municipales, tanto en el nivel inicial como en el primario.
La iniciativa, impulsada por el bloque de la Unión Cívica Radical y apoyada por diversas bancadas, responde a una preocupación creciente sobre el impacto de las pantallas en los procesos de aprendizaje y la socialización de los menores. Según los fundamentos del proyecto, el uso desmedido de dispositivos móviles en el entorno escolar no solo fomenta la distracción, sino que también se asocia a problemas de salud mental, sedentarismo y la exposición prematura a contenidos inapropiados o ciberacoso.
La propuesta no plantea una eliminación absoluta, sino una restricción durante el horario de clase, permitiendo su uso únicamente bajo estricta planificación pedagógica del docente. Esta medida se alinea con tendencias globales y locales —como ya ocurre en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires— que buscan «desintoxicar» el aula para recuperar la atención y el vínculo humano. Sin embargo, la efectividad de una prohibición por ordenanza genera interrogantes sobre su aplicabilidad real y si el foco no debería estar en la educación digital responsable más que en la veda.
Con el aval del oficialismo para su tratamiento, Córdoba se encamina a una regulación que pretende devolver al aula su función como espacio de concentración y encuentro, lejos de la mediación constante de las notificaciones.

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