13 mayo, 2026

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El día después del 1° de mayo: Una reflexión necesaria sobre el «trabajo» que nos queda

Pasado un nuevo Día del Trabajador, la resaca de los festejos y los discursos oficiales nos deja frente a una realidad que ya no podemos ignorar con un feriado: el concepto de «empleo» en Córdoba está mutando hacia algo mucho más precario y solitario. Mientras las efemérides suelen celebrar la conquista de derechos, el panorama actual en nuestra provincia nos obliga a mirar hacia las márgenes, donde el trabajo ya no significa necesariamente un recibo de sueldo ni protección social, sino una lucha diaria por la subsistencia individual.

En un reciente encuentro de especialistas en el Museo Evita, quedó claro que la informalidad dejó de ser una «etapa de transición» para convertirse en una trampa estructural que atrapa a miles de cordobeses. Hoy, la pregunta que debemos hacernos no es solo cuántos trabajadores hay, sino bajo qué condiciones están produciendo valor. Estamos ante el auge de un cuentapropismo que no nace de la vocación emprendedora, sino de la necesidad de «inventarse» el sustento ante un mercado formal que se fragmenta y excluye. La digitalización y la inteligencia artificial, lejos de alivianar la carga, parecen estar profundizando esta división, creando empleos cada vez más atomizados y despojados de identidad colectiva.

La reflexión urgente para este «día después» es entender que la economía popular no es un mundo aparte, sino el sostén de gran parte de nuestra sociedad. Es un sector dinámico pero vulnerable, donde las mujeres y los jóvenes se llevan la peor parte, combinando múltiples tareas para alcanzar lo básico. Si no logramos diseñar políticas que reconozcan estas nuevas formas de trabajo como algo más que «changas», seguiremos celebrando cada primero de mayo un modelo de bienestar que, para muchos cordobeses, ya es solo un recuerdo de los libros de historia.