La oficialización del cierre de Gomas Gaspar, la histórica fábrica de suelas y calzado con más de 70 años de trayectoria en el país, no es solo una noticia empresarial; es un réquiem para una forma de entender la industria nacional. Con el cese definitivo de sus operaciones, se apagan las máquinas de una firma que fue emblema de la producción local y proveedora clave de las principales marcas de zapatos en Argentina. Este cierre marca el «fin de una era» y deja al descubierto las fragilidades de un sector que no logra resistir los embates de la coyuntura actual.
El adiós de Gomas Gaspar funciona como un termómetro doloroso de la economía real. El combo de caída estrepitosa del consumo, el aumento de los costos fijos y la apertura de importaciones terminó por asfixiar a una estructura que supo sortear crisis anteriores, pero que hoy se encuentra sin horizonte de viabilidad. Para Córdoba y el país, cada persiana que baja en el sector manufacturero representa no solo la pérdida de puestos de trabajo calificados, sino también el desmantelamiento de un tejido social y productivo que difícilmente se recupere en el corto plazo.

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