El único pasajero argentino en el mítico barco era un joven cordobés. Su gesto de caballerosidad y sacrificio lo convirtió en leyenda a nivel internacional.
En las Sierras de Córdoba y en las llanuras del sur, pocos saben que la historia del Titanic tiene un capítulo local. Edgardo Andrew, criado en las cercanías de Río Cuarto, fue el único argentino fallecido en la tragedia. Su viaje comenzó como una aventura familiar, pero terminó en un gesto heroico que asombró a los cronistas de la época: al ver que una joven pasajera no tenía salvavidas, Andrew no dudó en entregarle el suyo antes de que la cápsula se hundiera en el océano.
Este relato de altruismo ha sido rescatado por historiadores locales que buscan poner en valor la figura del joven cordobés. A pesar de los años transcurridos, la historia de Andrew nos conecta con una escala de valores y una valentía que trasciende fronteras, situando a un vecino de nuestra provincia en el centro de uno de los eventos más recordados del siglo XX.

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